Tomar la decisión de aplicar a una residencia conlleva a muchas cosas entre ellas de trasladarse a Estados Unidos. Ciertamente el proceso no es nada sencillo por lo que muchas personas terminan renunciando si haber obtenido la ciudadanía, pero que ya tienen la residencia legal o Green Card, y no entienden las consecuencias que implica renunciar a la residencia y volver a su país de origen. Es importante tener en cuenta que cuando se inicia con este proceso hay muchas incertidumbres ya que nadie sabe si podrá obtener la residencia o si él y su familia se van a adaptar a una vida en Estados Unidos, o si van a poder cumplir con los tiempos de permanencia. Hay que tener en cuenta que las personas que cuentan con su Green Card, y siguen en el país o si están continuamente viajando entre su país de origen
y Estados Unidos van a recibir el mismo tratamiento fiscal que cualquier otro ciudadano americano al momento de perder su residencia.
La ley fiscal en Estados Unidos contempla la residencia a largo plazo o “long term
residency”, la cual se cumple y se obtiene cuando la persona ha sido residente legal por lo menos 8 de los últimos 15 años durante el periodo de que se trate. Esto es muy importante ya que quienes han sido residentes legales por 8 años o más, y pierden o renuncian a su residencia permanente, están obligados a pagar un impuesto de salida o exit tax, ademas de tener otras consecuencias de carácter no
fiscal. El impuesto de salida se calcula sobre el monto total del patrimonio del ex residente, y se aplica la tasa del impuesto sobre ganancias de capital o “capital gains” como si hubiese vendido, a valor de mercado, todos sus bienes el día de su salida o pérdida de la residencia.
Consecuencias no fiscales
En cuanto a las consecuencias no fiscales, resulta que cuando un ciudadano o residente pierde o renuncia a la ciudadania o residencia americana, según sea el
caso, pierde la habilidad de planear como extranjero aún después de tres años a la pérdida o renuncia en cuestión. la ley fiscal en Estados Unidos no le permite a ese nuevo extranjero con bienes o beneficiarios en Estados Unidos, planear su sucesión, o más bien, la distribución de su patrimonio como lo hace cualquier otro extranjero no residente. Para poder evitar este tipo de consecuencias tan severas, es necesario planear adecuadamente una posible salida o renuncia.